hidratación

¿Deshidratación? ¡AGUAS!

La deshidratación es una condición que se produce cuando el organismo pierde más líquidos de los que ingiere. Aunque puede afectar a cualquier persona, los adultos mayores presentan un riesgo mayor. Con el envejecimiento disminuye la sensación de sed y pueden producirse cambios en la función renal y en la capacidad del organismo para mantener el equilibrio de líquidos. A esto se suman enfermedades crónicas, dificultades para beber de forma autónoma y determinados tratamientos farmacológicos.

La deshidratación aguda representa, juntos a la neumonía y a las infecciones del tracto urinario, una de las mayores causas de hospitalizaciones potencialmente evitables.

Pero ¿cómo podemos detectarla antes de que se convierta en un problema importante?

Para hacer frente a este problema, que no se manifiesta solo en verano, hemos desarrollado un anagrama para que nos ayude a recordar los puntos claves para su prevención: A.G.U.A.S.

A — Agua siempre a mano

Mantener una botella o un vaso de agua al alcance y ofrecer líquidos regularmente durante el día. En las personas mayores, la sensación de sed puede disminuir con la edad. Por eso, esperar a tener sed para beber puede hacer que la ingesta de líquidos sea insuficiente.

G — Gana hidratación con los alimentos

Incorporar a la alimentación diaria alimentos con un alto contenido en agua, como frutas, verduras, sopas, cremas, gazpachos o yogures. Los alimentos también aportan líquidos y pueden ser una forma sencilla de complementar la ingesta diaria, especialmente en personas que beben poco o tienen dificultades para consumir suficiente agua.

U — Urinario: observa los cambios

Prestar atención a la frecuencia y cantidad de orina y detectar cambios respecto a lo habitual. Una disminución importante de la cantidad de orina puede indicar que el organismo está reteniendo agua para compensar una ingesta insuficiente.

A — Atención a los comportamientos no habituales

Observar el estado general de la persona y prestar atención a cambios que no sean habituales. En los adultos mayores, la deshidratación puede manifestarse de formas poco evidentes: cansancio, debilidad, mareos, somnolencia, cambios de comportamiento, confusión o desorientación.

S — Salud y medicación

Tener en cuenta las enfermedades que presenta la persona y los medicamentos que toma. La fiebre, los vómitos, la diarrea y algunas enfermedades pueden aumentar las pérdidas de líquidos. Además, determinados medicamentos pueden influir en la hidratación.

Cuándo preocuparse.

Ahora que disponemos de nuestras herramientas para la prevención, vamos a definir los signos de alarma, aquellos cambios o comportamientos que van a comunicarnos que lo más recomendable es acudir a un profesional sanitario:

  • Si la persona come y bebe mucho menos de lo habitual, presenta dificultad para tragar, náuseas, vómitos o diarrea.
  • Si la persona orina mucho menos de lo habitual, la orina es muy oscura o pasan muchas horas sin orinar.
  • Cansancio, debilidad, mareos, somnolencia, cambios de comportamiento, confusión o desorientación. Si estos cambios aparecen de forma repentina, se acompañan de una caída, desorientación importante o un deterioro evidente del estado general.
  • Si la persona tiene una enfermedad cardíaca o renal con restricción de líquidos. En estos casos no se debe aumentar la ingesta por cuenta propia. También es recomendable consultar ante una enfermedad aguda que provoque pérdidas importantes de líquidos.

Recuerda:

Este método está diseñado para ayudarnos en nuestro día a día para evitar complicaciones evitables y no sustituye la valoración de un profesional sanitario.

Los síntomas mencionado en este artículo pueden ser similares a otras condiciones.

 Si sospechas que un familiar o conocido pueda estar sufriendo una deshidratación aguda, contacte con el servicio de urgencias para que te aconsejen sobre como poder asistirlo de la mejor forma.

Emanuele Capuano. Enfermero especialista en Geriatría