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La fisioterapia geriátrica: mucho más que tratar pacientes

Empezar en un nuevo entorno siempre supone un reto, pero hacerlo en una residencia de personas mayores ha significado, para mí, algo más: un cambio profundo en la forma de entender la fisioterapia.

Aunque ya había trabajado en equipos multidisciplinares, esta ha sido mi primera experiencia en geriatría, y desde el primer momento he tenido la sensación de que aquí las reglas del juego son distintas.

En primer lugar, es importantedestacar la importancia real del trabajo en equipo. No se trata solo de compartir espacio con otros profesionales, sino de colaborar constantemente en el día a día.

De hecho, el resultado de la atención que reciben los residentes depende mucho del trabajo interdisciplinar. Cada uno tiene su función, sí, pero en la práctica todos terminamos coordinándonos para sacar adelante todas las tareas, incluso las más pequeñas. Esa cooperación continua no solo mejora la atención, sino que también hace el trabajo más humano y enriquecedor.

En este sentido, también he descubierto una nueva forma de trabajar, en la que los profesionales nos adaptamos a cada persona.

Los profesionales diseñamos programas y actividades que den respuesta a las necesidades reales de los residentes, siempre desde el respeto al trabajo del resto del equipo. Esto marca una gran diferencia.

Principal objetivo: mantener la autonomía

Y, desde este enfoque, algo importante que he aprendido en estas primeras semanas es que la fisioterapia en geriatría no se limita a una sesión en una sala.

Está presente en cada pequeño gesto: en ayudar a una persona a levantarse, en acompañarla al comedor o en facilitar que pueda ir al baño de forma más autónoma. Aquí, más que buscar grandes avances, el objetivo es claro: mantener las capacidades el mayor tiempo posible y mejorar la calidad de vida en el día a día.

Uno de los mayores retos al empezar a trabajar en este campo es el miedo. El riesgo de caídas o de provocar una lesión está siempre presente, y eso puede hacer que se dude en cada intervención.

Pero con el tiempo, descubres que la clave está en el equilibrio: ser lo suficientemente prudente para no hacer daño, pero también lo bastante activo para que el tratamiento sea efectivo. Porque no intervenir también tiene consecuencias.

La música, el ambiente y los estímulos visuales generan respuestas que, aunque sutiles, forman parte del tratamiento.

También descubrí la importancia de las clases grupales. Lejos de ser simples ejercicios suaves, son sesiones dinámicas, adaptadas y muy completas, donde se trabajan aspectos como la movilidad global o la coordinación.

Pero lo más interesante es que, incluso las personas que no pueden seguirlas activamente, también se benefician. La música, el ambiente y los estímulos visuales generan respuestas que, aunque sutiles, forman parte del tratamiento.

En definitiva, estas primeras semanas están siendo, sin duda, una experiencia muy enriquecedora. Me están enseñando a entender la fisioterapia desde una perspectiva más global, donde lo importante no es solo la función física, sino la persona en su conjunto.

Y quizá esa sea la mayor lección: en geriatría, cada pequeño avance, o cada capacidad que se mantiene, ya es un gran logro.

Autora: Carlota Suárez. Fisioterapeuta especializada en geriatría